Sede canónica

Ermita de Santa Elena. Plaza de Santa Elena, Plasencia.

 

Originalmente se llamó Ermita de la Santa Cruz, porque en ella se veneraba el Santo Cristo de las Batallas, ante el cual (se cuenta) juraban lealtad a la Patria los caballeros placentinos que iban a la guerra. Al trasladarse la imagen del Cristo de las Batallas a su actual emplazamiento se dedicó a la advocación de Santa Elena.
Esta ermita la mandó hacer D. Bricio (obispo de Plasencia entre 1.189-1.211). En recuerdo del Cristo de Burgos, de donde procedían un gran número de los habitantes de la ciudad.
Esta antigua ermita está situada en el camino que salía de la Puerta del Sol al Puente Nuevo, en su primitiva advocación estaba dedicada a la Cruz, por lo tanto su titular era un gran crucifijo de tamaño casi natural. En una piedra que se encuentra en una de sus paredes se puede leer el siguiente texto: “Esta ermita hicieron de limosnas Antonio Ramos y Lucas de Carvajal y Francisco de Arteaga. Año de 1.623”.
Otra inscripción que se conserva, dice así: “Reedificó a sus expensas esta ermita de Santa Elena, D. Blas Ximenez, Canónigo de la iglesia catedral. Año de 1.715”.

En su interior se enterró a Doña Beatriz de Trejo y Almaraz, la cual fue junto con su marido la fundadora del Hospital de la Cruz, (el cual estaba frente a la Puerta del Sol), y como al fallecimiento de esta señora no se había terminado la iglesia del dicho Hospital de la Cruz, se la enterró provisionalmente en esta ermita de Santa Elena, y pasó el tiempo y se olvidó su traslado, y hoy no queda nada de su sepultura.

(Fuente: D. PEDRO LUNA REINA)

Iglesia de San Esteban (Sede donde se encuentra el Santísimo Cristo en su Contemplación de la Cruz). Plaza de San Esteban. Plasencia.

Esta parroquia es de finales del siglo XV. En el atrio de esta iglesia se reunía el Concejo de Plasencia al toque de la campana de su torre, para estudiar los problemas de la ciudad. Como consecuencia de ello se conservan escritos por los cuales el concejo se comprometía a sufragar los gastos de mantenimiento de la campana de esta iglesia, ya que serbia indistintamente a los dos estamentos locales, el concejo y la iglesia.
El Concejo salía en procesión desde la Casa de las Gradas (Ayuntamiento), y se dirigía hasta este atrio. Abriendo la marcha iban los maceros, los cuales llevaban bordados en sus dalmáticas por la parte anterior un castillo con sus torres, que representaba a Castilla y a la ciudad, por la parte trasera un peral silvestre, sin hojas y con las raíces al aire, este peral representaba a la Orden de San Julián del Perero o Pereiro, la cual ayudó a reconquistar la ciudad de las manos de los árabes, cuando fue perdida por Alfonso VIII. Esta Orden al conquistar el pueblo de Alcántara, fijó su sede en él, y pasó a denominarse con este nombre.
La realización de la primitiva obra se debe al maestro Pedro González, que la finalizo el día 14 de Junio del año 1.484.
El retablo mayor es plateresco de transición al barroco, aun cuando el ábside es gótico. Esta iglesia se fue remodelando con el paso de los años como puede verse en un “estiramiento” que se hizo en el fondo de ella, y que se ganaron unos cuatro o cinco metros.
En el año 1.838 el cura de esta iglesia, D. Manuel Gabriel de León, obtuvo licencia para llevarse el órgano del convento de San Francisco de esta ciudad, y montarlo en San Esteban. El día 25 de julio de ese mismo año se celebró la primera misa acompañada por la música del órgano.

En el año 1956 – 1957 se hizo una reforma completa de la iglesia, al hacerse cargo de ella D. Laureano García Pablos, el cual después de muchos inconvenientes consiguió permiso del obispo para abrir una puerta en el muro del fondo de la iglesia (la parte que da a la Plaza del Mercado), para realizar esta puerta de estilo ojival, fue necesario quitar el antiguo coro y realizar uno nuevo. Así mismo desaparecieron numerosos altares o capillas laterales que existían en la iglesia, con lo que se consiguió más amplitud y luz en la nave central. El día 16 de octubre de 1957 se inauguraron las reformas oficialmente.
La cubierta interior es de madera, se asemeja a la quilla invertida de un barco, según el arquitecto de la obra no se debería de tocar pues no garantizaba que luego se pudiera volver a montar otra vez dada la complejidad de su construcción.
En esta misma reforma se colocó una nueva ara del altar, la cual tiene cuatro metros y medio de larga por uno de ancha. Se sacó esta piedra de las canteras de Valcorchero, y cuentan que cuando la izaron para ponerla en su sitio se veía claramente cómo se combaba, por lo cual temieron que se rompiera por la mitad antes de quedar asentada definitivamente, cosa que no sucedió. Se tardaron 4 horas en su colocación
En 1968 con la nueva liturgia, se trasladó el ara para poder quedar el celebrante de cara al pueblo. Al realizar el traslado quedó al descubierto el altar antiguo donde se apoyaba el retablo. Este altar consistía en dos piedras partidas sujetas con ladrillo y cal y, encima una pizarra. Se calculó que podría tener 600 o 700 años de antigüedad.
La capilla del Santísimo Cristo de los Desamparados (antes de Santa Susana) fue construida por Mateo Sánchez de Villaviciosa (creador del mausoleo del obispo Ponce de León que está en la Catedral).
Este Cristo tenía antiguamente otorgado el poder de indultar a un preso el día de Viernes Santo.
En el año 1.496, un moro llamado Mahomad Bejarano empezó a poner una tienda de lona al lado del atrio de la iglesia de San Esteban. Este Bejarano vendía trigo y cebada, y con la excusa de que no se le mojara la mercancía fue agrandando y cimentando el “establecimiento”. Lo que al principio no fue más que una simple tienda de lona terminó siendo una casa.
El párroco de San Esteban viendo que la casa seguía creciendo, y que sus protestas no eran escuchadas, mandó a sus acólitos que subieran al campanario grandes piedras, con la sana intención de lanzarlas sobre el “edificio” y destruirlo de una vez por todas.
Enterado el tal Bejarano de las aviesas intenciones del párroco para su propiedad y temiendo lo peor, corrió a buscarse un comprador para la casa-tienda, y lo encontró en la persona de uno de los Justicias de la ciudad, el cual sin importarle de lo ilegal del trato, lo realizó, cambiándole la propiedad de esta casa por otra que tenía este señor al lado de la Puerta de Trujillo. Seguidamente se presentó en la parroquia impidiendo al cura realizar el hundimiento de su nueva casa.
Empezaron los pleitos, en los cuales se vieron involucrados el concejo, pues en esta plaza se reunían a campana tañida, la parroquia, y la Justicia; y fueron tan largos y enredosos que llegaron a tener que intervenir los mismos Reyes Católicos.
Pero como el Justicia, era cuñado de uno de los curas de San Esteban, al final llegaron a un acuerdo, la iglesia se calmó en sus peticiones, y el Justicia ganó el derecho de propiedad de la casa.
También hay que tener en cuenta que este Justicia era servidor del duque de Zúñiga, el cual en esa época era el señor feudal de Plasencia.
Tiempo después este Justicia cuyo nombre era Esteban de Monforte, pidió al concejo un permiso para ensanchar su propiedad, y valiéndose del apoyo del duque, de amiguetes, y sobornos, consiguió lo que parecía imposible.
Hasta el siglo XVIII, fue esta iglesia la parroquia del pueblo de Serradilla, pues dicha aldea pertenecía a Plasencia, consiguiendo en ese siglo independizarse de la ciudad y conseguir el título de villa realenga.
Cuenta Barrio Rufo que cuando él era monaguillo de la catedral tuvo lugar un hecho que se consideró milagroso: Estando arando don Vicente Sambade y su criado en la finca de San Marcos, la cual estaba en el Barrio de San Juan, sucedió que de repente la yunta que él tenía se quedó clavada en el suelo sin moverse por más que la azuzara y castigara. Al mirar que es lo que sucedía para esta extraña forma de comportarse los bueyes vio en el suelo un copón con dos o tres formas. Llamó a su criado y de rodillas adoraron al Santísimo, acto seguido salió corriendo a la ciudad para comunicarlo a las autoridades. Al llegar las autoridades recogieron el cáliz y las formas y se lo llevaron a la ciudad, una vez allí se miró para ver de donde procedía este cáliz, y se vio que era de esta iglesia de San Esteban.
Parece ser que alguien lo robó y después viendo que no lo podría vender, decidió abandonarlo en pleno campo y así quitarse la prueba de su fechoría. Estos hechos sucedieron en las primeras décadas del siglo XIX. En el lugar de los hechos se hizo un cuadrado de piedra de aproximadamente un metro de altura, con una inscripción en la cual se leía el suceso allí acaecido. Este cercado de piedra duró hasta mediados del siglo XX, en el cual se hicieron bloques de viviendas encima del lugar del hecho.
El cáliz robado fue devuelto a su iglesia y hoy se le puede ver en el museo de la catedral.
En el archivo de esta iglesia se guardaba en el siglo XVIII la documentación de la Universidad de Curas y Beneficiados de las Parroquias de Plasencia. Para su custodia se nombraban tres Claveros, cada uno de los cuales tenían una llave del archivo, y para acceder a él tenían que estar presentes los tres al mismo tiempo.

Entre las imágenes de esta iglesia se encuentran La Contemplación de la Cruz y la Dolorosa de la Cruz, ambas propiedad de la Cofradía de la Vera Cruz.

(Fuente: D. PEDRO LUNA REINA)